GROSERO: UN SONIDO IRÓNICO Y SINCERO A LA VEZ


En una escena limeña que no deja de mutar, hay proyectos que se atreven a jugar con lo inesperado. Grosero es uno de ellos. La banda, formada a mediados del 2023, tiene un nombre que confunde y una música que cautiva. Lejos de sonar ruidosos o agresivos, como sugiere su título, Grosero construye melodías suaves, melancólicas, con tintes de rock alternativo, shoegaze, hip hop y electrónica. Esta aparente contradicción no es un accidente: es una declaración estética. Un guiño irónico que deja en claro que aquí nada es obvio. El proyecto nació de un post en Facebook. Renato, su vocalista, buscaba gente para formar un grupo de R&B. Jorge, bajista, y Paula, guitarrista, respondieron. Julio, baterista y productor, se unió más tarde. No eran amigos, ni siquiera se conocían en persona. Pero el proyecto los hizo cercanos, les dio una identidad común que terminó fundida en un solo nombre: Grosero.

El nombre surgió casi por azar, como suele pasar con las cosas más significativas. Era corto, pegajoso, con una vibra que evocaba algo punk, algo callejero, algo incorrecto. Pero como pasa con su música, la estética era solo la superficie. En realidad, Grosero es un juego de ambivalencias. El nombre genera una expectativa que su sonido no cumple, pero eso es parte de la experiencia. Porque en Grosero hay un gusto por la ironía, por romper etiquetas, por desafiar lo que se espera. Es un proyecto que no teme ser suave y potente a la vez. Uno que propone una masculinidad que no necesita ser ruidosa para ser firme. Y sobre todo, uno que encontró en el contraste su mayor coherencia.

El sonido de Grosero es difícil de definir. ¿Rock alternativo? ¿Shoegaze emocional? ¿R&B con distorsión? ¿Indietrónica con flow? Han sido llamados de muchas formas, pero ellos prefieren no encerrarse. Lo que sí tienen claro es que su música es el resultado de la mezcla de mundos distintos: la melancolía elegante de Frank Ocean, las guitarras noventeras, el bajo progresivo, las texturas ambientales. Cada integrante trae algo: Jorge desde el post rock, Paula desde el grunge, Renato desde el hip hop más melódico. Julio, como productor, ayuda a hilarlos. El proceso creativo es colectivo y orgánico. A veces parte de una armonía, otras de un ritmo. La producción es íntima, casi artesanal. El EP "Agrio" fue su primer paso, y lo vivieron con todo: desde la grabación hasta la promoción. Fue un viaje de aprendizaje, pero también una experiencia emocional. Más que un debut, fue una carta de presentación de un lenguaje nuevo: un lenguaje grosero, con alma, con corazón.

Para Grosero, hacer música es una forma de conexión emocional. Lo que más valoran es ese momento en el que la canción cobra vida en vivo. Tocaron junto a bandas como Maldito Antisocial y Claustrofóbicos, y sintieron que algo especial pasaba: el EP se despedía con ellos, y el público lo abrazaba. También han tocado en espacios como Vichama o La Noche de Barranco, donde el sentimiento es igual de intenso. Las presentaciones en vivo, dicen, son otra experiencia. Más catártica, más visceral. Por eso, aunque ahora están trabajando en un álbum, han decidido lanzar primero varios sencillos, para darse tiempo, para pulir el sonido, y para volver a los escenarios con una propuesta más redonda, más sentida. La intención ahora es clara: sostener la columna vertebral del rock alternativo, pero jugar más con las texturas, con las emociones, con la palabra.

En Grosero hay una visión: hacer música que suene bien, pero también que diga algo. Que sea honesta, sin pretensiones, pero con ambición. Quieren tocar en otras ciudades, llevar su música a Arequipa, Cusco, y más allá. Tienen ganas de colaborar con proyectos que admiran, de crecer sin dejar de ser ellos mismos. Y si hay algo que les dirían a sus versiones de 2023 es: "créetela". Porque el arte también necesita convicción. Si aún no los has escuchado, empieza por "Yeti". Es la canción que más puertas les ha abierto, la que más disfrutan tocar, y la que usarían para cerrar su último concierto. Después de eso, probablemente no querrás dejarlos ir.


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