BAIÃO: EMOCIONES, AMIGOS Y UN AMALGAMA SONORO PERSONAL

En una escena musical donde muchas veces todo corre más rápido de lo que alcanzamos a sentir, Baião aparece como una pausa necesaria. Como una banda que no necesita gritar para hacerse escuchar. Con casi seis años dentro de la movida arequipeña, Andrés y Mateo han ido construyendo —casi sin buscarlo— un universo donde lo emocional y lo cotidiano se abrazan. Un lugar donde las canciones suenan como conversaciones que podrías tener con una amiga a las dos de la mañana: sin filtros, sin poses, sin miedo a mostrarse.

Andrés compone, canta y escribe como quien abre un cuaderno íntimo. Las letras se sienten honestas, suaves pero punzantes, como una herida que todavía no cicatriza del todo, pero que ya aprendiste a mirar con cariño. Mateo, por su parte, fue uno de los fundadores del proyecto y ha sostenido la evolución del sonido con dirección y ritmo. Lejos de la rigidez técnica, su forma de hacer música tiene algo de artesanal, de cálido. Como si en cada ensayo se tejiera una nueva forma de recordar.


El origen de Baião fue simple y mágico: ensayos entre amigos, discos heredados de la abuela, y una necesidad compartida de hacer algo con lo que se sentía. El nombre surgió entre vinilos de carátulas vibrantes y referencias brasileñas, pero más allá del ritmo, lo que realmente define a Baião es cómo te hace sentir. Su música no se encasilla: hay psicodelia, vals, bossa nova, pop alternativo, y toques de rock. Pero más allá del género, lo que hay es sensibilidad. Una manera particular de contar lo que duele, lo que pasa, lo que queda.

Cada canción tiene su historia. Algunas nacen de experiencias compartidas, otras de silencios incómodos que pedían ser cantados. Al revés es para Andrés una de sus composiciones más poéticas, mientras que Dos punto cero es la espina que Mateo quiere sanar en cada show. Y es que el vivo también es parte esencial del proyecto. La banda cuida cada puesta en escena como quien prepara una ceremonia: desde la vibra hasta los arreglos, todo tiene intención. No se trata de llenar espacios, sino de crear momentos.

Autoproducidos desde el día uno, han aprendido todo sobre la marcha. Su último disco lo grabaron en Camaná, durante el invierno, encerrados en una casa como en retiro creativo. Se levantaban tarde, grababan hasta las 4 de la mañana, y por unos días, la música fue su única rutina. De ese proceso nació un álbum que no tiene prisa, que no se explica: se siente. Uno que suena a cuarto cerrado, a conversación pendiente, a emoción cruda. Baião no busca la perfección, busca la verdad.

Escuchar a Baião es como encontrar esa canción que no sabías que necesitabas hasta que ya no puedes dejar de tararearla. No son escandalosos. No hacen ruido. Pero algo en su música se queda. Porque están aquí por convicción, porque esto les nace. La música los encuentra como ellos la buscan. Y en ese cruce, en esa amalgama —de géneros, de emociones, de vivencias— están haciendo algo que vale la pena escuchar. Si aún no los conocés, empezá por Croma o Porque ya te extraño. Canciones que no buscan sonar fuerte, pero sí quedarse. Y quedarse, en esta escena ruidosa, también es una forma de trascender.



Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

MALDITO ANTISOCIAL: AUTENTICIDAD Y EXPLOSIÓN MUSICAL EN LA ESCENA ALTERNATIVA PERUANA

PEATON: DESPEDIRSE TAMBIEN ES UNA FORMA DE QUEDARSE