ANDRE Y PUNTO: UN UNIVERSO SONORO EN UNA SOLA PERSONA

Desde Trujillo, emerge André y Punto, un proyecto que desafía el molde del artista tradicional. No viene de una banda ni de una fórmula; viene de un proceso más largo, más íntimo y más catártico: el de aprender a hacer música formalmente, desde la necesidad de decir algo aunque nadie escuche al principio. André no toca por costumbre, sino por urgencia de darle voz a todo lo que ocurre en su mente

Desde pequeño, su vida estuvo marcada por los sonidos. Desde pequeño supo que la música era su pasión y algo que le gustaría hacer el resto de su vida; y siendole fiel a sus sueños de infancia, nada lo detiene; más tarde llegaron las referencias humanas: Javiera Mena, Julieta Venegas, Arca, Lala, y otros artistas que no solo hacen música, sino que expanden el lenguaje emocional a su antojo, tanto a nivel melódico como en la letra. 

A inicios del 2024, y en el umbral de cumplir 25 años, lanza su primer disco “La Muerte de André y Punto”, un álbum que no busca agradar: busca liberar. Cada canción es una versión pasada de sí mismo que necesitaba morir para que el nuevo André pudiera existir. La portada, una foto de su cabello rizado, simboliza esa muerte simbólica, ese desprendimiento. El disco fue completamente autogestionado: compuso, produjo, grabó, mezcló y tocó cada instrumento. Durante cuatro meses vivió literalmente en el estudio donde trabajaba: de día hacía encargos técnicos para otros músicos, de noche, componía lo que sería su primer grito en solitario.

La música, para él, es una forma de sobrevivencia. Improvisa con su guitarra y graba todo lo que siente en notas de voz o maquetas que a veces terminan siendo las versiones finales. “La Muerte de André y Punto” no es un disco planeado, es un disco sentido. Tiene texturas del pop alternativo, el folk, la electrónica en ocasiones, lo acústico, lo glitch, lo íntimo. En su caos hay belleza, y en su belleza, hay ruido. Hay canciones que suenan como un cuarto vacío. Otras, como una rabia contenida. Pero todas tienen esa marca suya: una honestidad sin filtros.

Aunque está presente en plataformas como Spotify y Apple Music, André siente que su casa real es SoundCloud, donde sube piezas más suyas y donde ha encontrado profundidad. No compone pensando en el algoritmo, sino en el alivio. Y aunque dice que no comprende TikTok, sabe que en la era digital los artistas no solo componen canciones, también deben inventarse caminos. André cree en el voz a voz, en el compartir canciones como quien comparte un secreto. Porque él mismo ha sido ese oyente que encuentra refugio en la música de otros.





Su historia no está marcada solo por la creación, sino también por las pausas. André vivió en Lima durante una etapa larga, donde no se sentía del todo él. Ahora planea volver, pero con otra energía. Siente que la escena musical limeña está más abierta, más curiosa, y que hay una nueva generación de artistas que están construyendo una identidad más sincera. Admira proyectos en provincia como The Waris, Chinese Park, Yardigans, Dpos o Lázaro Suplica Dopamina, no solo por lo que suenan, sino por lo que significan: la confirmación de que desde fuera de Lima también se puede hacer buena música.

"Historias de IG" es la canción que recomienda si quieres empezar a conocer su trabajo. Y si mañana fuera su último concierto, cerraría con “2:47”, una canción con una coincidencia mágica: cuatro de las canciones de su disco duran exactamente 2 minutos con 47 segundos, sin que lo haya planeado. Lo vio como una señal. Y si algo define a André y Punto, es que siempre está atento a las señales.Cree que las pequeñas coincidencias son formas que tiene el universo de susurrarnos al oído.

En 2025 planea lanzar un nuevo EP, donde el proceso será más colaborativo. Quisiera grabar con otros artistas, explorar formatos más extensos, y jugar con una narrativa que trascienda la canción. 

Su música no está hecha para encajar, sino para acompañar. Para recordarte que incluso en lo caótico, en lo roto, en lo incompleto, hay belleza. André ha muerto muchas veces, sí. Pero cada vez que lo ha hecho, ha renacido con una guitarra, una melodía o una canción entre las manos. Y punto.


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