SUPER SIMIO: RITMOS SIN ETIQUETAS EN UNA SELVA DE CONCRETO


En un mundo donde lo común abunda, hay proyectos que rompen el molde con la simple decisión de ser ellos mismos. Super Simio no nació para encajar en etiquetas. Nació para desbordarlas. Esta banda, que comenzó como un grupo de amigos tocando covers de Arctic Monkeys, ha evolucionado hacia algo más instintivo, más visceral, más auténtico: un “sonido simio” que vibra con la fusión de ritmos, con la libertad creativa y con la fuerza de una comunidad que no necesita explicación, pero sí se hace sentir.

Mayra Ríos, Javier Cobos, Carlitos, Francisco y Juan Diego Rondón forman el núcleo actual de esta manada musical. Pero como toda historia viva, Super Simio ha tenido muchas formas. Entre jams e improvisaciones, el grupo fue encontrando su voz. Una voz que no busca encajar, sino transmitir. Una voz que juega con el reggae, el funk, la cumbia y lo que sea que surja del momento. En palabras de ellos mismos: “somos lo que suena cuando dejamos que todo fluya”. En ese fluir, la llegada de Mayra no solo enriqueció el sonido: lo expandió, lo volvió íntimo y feroz a la vez, lo llevó a territorios donde la dulzura y la rabia pueden convivir en un solo coro.

La esencia de Super Simio no es un género, sino una convicción: la de crear desde la libertad y la conexión. Cada integrante aporta su universo. Desde la música brasileña hasta el punk, pasando por criolla, hip hop y hasta Radiohead. Lo suyo no es solo tocar, es experimentar, es invocar energías, es prender la fogata colectiva donde todas nuestras rarezas se hacen canción. Su proceso creativo, profundamente colaborativo, nace del jamming: bajistas, teclados, melodías que aparecen como si las estuvieran soñando despiertos. Mayra, como un conjuro, pone palabras donde antes solo había intuición. Letras que hablan de amor a la naturaleza, de convivencia humana, de comunidad y resistencia.

Hablar de Super Simio es hablar también de las dificultades de existir fuera del molde. Al inicio, su sonido tan híbrido no encajaba fácilmente en carteles o géneros: “¿no son rock? ¿no son reggae? ¿dónde los metemos?”. Pero ahí está el punto. Ellos no vinieron a caber, vinieron a crear. Y lo han hecho con fuerza. Desde tocar en Selvámonos rodeados de árboles y calor humano, hasta moverse por Tarapoto o explorar otras ciudades del Perú. Su relación con el público es de afecto sincero, de calidez, de un amor que se siente mutuo. Una tribu de oyentes que los espera, que los escucha, que los sigue.

Hoy, Super Simio entra en una nueva etapa: producción completamente independiente, con nuevos lanzamientos, nuevas tocadas y el mismo fuego con el que comenzaron. Una etapa más madura, más enfocada, pero igual de mágica. Sueñan con cruzar fronteras, visitar Chile, México, Ecuador, España. Pero también saben que Piura y Arequipa los esperan. Si mañana fuera su último concierto, cerrarían con “Pa’ Lante”, porque es imposible no salir tarareándola, porque es el tipo de canción que te recuerda que aún hay camino, que aún hay fuego.

Super Simio no es una banda. Es una experiencia. Una que te hace mover el cuerpo, sí, pero también el alma. Que te hace sentir parte de algo sin necesidad de entenderlo del todo. Porque hay músicas que no se explican, solo se sienten. Y Super Simio, como un conjuro salvaje y tierno, está aquí para recordarnos que también se puede bailar con el corazón abierto.




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