ELMAGOLOHIZODENUEVO: EL ARTE DE CAER, LEVANTARSE Y VOLVER A ENCANTAR


En una ciudad donde todo parece moverse al ritmo de guitarras estridentes y fórmulas repetidas, Sebas decidió encerrarse en su cuarto y hacer otra cosa. En plena pandemia, cuando el mundo estaba detenido, Elmagolohizodenuevo apareció como una especie de acto de fe. Un proyecto que no nació para complacer a nadie, sino para sostenerse. Como quien escribe un diario para no perderse. Como quien canta para no olvidar cómo suena su propia voz.

Desde niño, el arte lo acompañaba. Dibujar, rapear, escuchar música mientras se perdía en sus propios mundos. Aunque su primera canción no lo convenció del todo, descubrió que el rap le permitía escribir como realmente pensaba: sin rodeos, sin adornos, con libertad. En su universo conviven Calle 13 y Gorillaz, el post punk, el pop latino, algo de trap, algo de jazz. Su música no se define fácilmente, y eso la vuelve más honesta. A veces triste, a veces frenética, siempre auténtica. Un sonido que el llama esquizofrenico.

Dejó la universidad por un rato. Abandonó las batallas de freestyle. Se quedó con lo que tenía a mano: su cuarto, GarageBand, un celular y una mente que no paraba de inventar melodías. El apodo venía de antes —“El Mago”—,pero el “lo hizo de nuevo” surgió como una broma que terminó siendo profecía. Cada canción es una nueva versión de sí mismo, una forma de volver, de caer y reconstruirse con más fuego, con más fuerza.

Antes del disco que conocemos, hubo otro. Uno que se perdió por completo en un fallo técnico. Lo que para muchos sería un punto final, para él fue una prueba de resiliencia y la caída que terminó abriéndole otra puerta. En medio de la frustración, apareció Bastián (Lundu), quien lo introdujo a la improvisación con jazz. Y gracias a ese cruce de caminos, conoció a Janitto, el músico y productor con quien terminaría construyendo todo su universo sonoro. Trabajaron desde casa, con insomnios compartidos y canciones que se moldeaban entre cables, risas, errores y búsquedas genuinas.

La música de Elmagolohizodenuevo es difícil de encasillar —como tiene que ser la música que nace desde el corazón—. A veces suena a glitch-pop, a veces a rap confesional, a veces a melodías que no sabes de dónde salieron pero que te tocan igual. Hay una intuición muy fuerte detrás de cada tema. Sebas dice que empieza por el coro, que lo busca como quien persigue una chispa. Y todo lo demás —los versos, los efectos, los silencios— van cayendo alrededor como polvo de estrellas.

Ahora, mientras trabaja en un nuevo EP y en una versión deluxe del disco, ha decidido dejar de perseguir la perfección. Porque se dio cuenta de que las canciones que más le gustan son esas que suenan imperfectas, vivas, con aire entre cada capa. Está en una etapa más serena, más libre. Tocar con banda le emociona, no solo por la fuerza del en vivo, sino porque lo conecta con otros, con esa sensación de que la música es un ritual compartido. De que las canciones también pueden abrazarte de vuelta.

Ya ha colaborado con bandas como Baião y Los 380, y le entusiasma seguir sumando voces. Valora las colaboraciones porque, como dice, “son una suma de energías que te rompen la cabeza y te sacan de ti”. Para él, hacer música es una forma de volver a empezar, una y otra vez. Cada canción es un intento, una posibilidad, un pequeño hechizo que se lanza al mundo con la esperanza de que alguien, en algún rincón, lo escuche y entienda.

Tiene ganas de tocar en más ciudades, de llevar su universo más allá del sur. Le gustaría colaborar con proyectos que admira, seguir sumando voces a la suya. Y aunque sabe que la independencia artística es un camino largo —a veces ingrato—, también sabe que su arte no está hecho para las rutas fáciles. Su arte es un conjuro. Una forma de mantenerse a flote. Una forma de decir: sigo aquí.

Y sí: el mago lo hizo de nuevo.

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